¿Qué hacer?

El viernes 13 de diciembre estuvimos en la librería La Lumbre en el coloquio en torno al libro ¿Qué hacer?, de Nikolái Chernyshevski, traducido y editado por Ediciones Akal. La presentación corrió a cargo de Mª Ángeles López, editora de Akal, y en la conversación posterior participaron la directora de la serie Literatura eslava, Gala Arias, y la investigadora social Carolina Meloni.

Ediciones Akal, con una trayectoria de más de 40 años, es un grupo editorial independiente que cuenta con diferentes sellos, pero fundamentalmente dedicado a las ciencias sociales y las humanidades. En una apuesta por rescatar clásicos de la literatura universal, Akal recupera obras únicas, pequeñas joyas que no tienen necesariamente que ser las obras más importantes de sus autores, sino que su valor estriba en que aportan algo especial, que tienen algo que las distingue entre todas las demás.

En este caso, ¿Qué hacer?, la obra de Nikolái Chernyshevski, se distingue del resto y resulta, en cierto modo, revolucionaria porque está protagonizada por una mujer. El propio Chernyshevski lo reconoce: «El tema es el amor y una mujer es la protagonista. […] Eso es bueno, incluso si la novela es mala». Pero, en realidad, el amor es algo superfluo en la novela. ¿Qué hacer? narra la historia de Vera Pávlovna, hija mayor de una familia de clase baja que pretende utilizar su belleza para casarla con un rico heredero y así salir del ostracismo. Pero Vera decide tomar el control de su vida y revelarse. Para ello crea un taller de costureras a modo de cooperativa con el objetivo de tener independencia económica.

Mª Ángeles López, editora de Akal, Gala Arias, traductora y directora de la serie Literatura eslava, y Carolina Meloni, investigadora social.

El libro está escrito en 1863. Nikolái Chernyshevski se encontraba confinado en la cárcel acusado, al parecer sin fundamento, de provocar una serie de incendios que asolaron San Petesburgo. ¿Qué hacer? se enmarca en una corriente literaria militante, con influencias utópicas y con un claro componente social. A pesar de haber pasado desapercibida en España, sirvió de inspiración a Tolstói —quien tomó prestado el título para una de sus obras morales fundamentales— así como para los protagonistas de la Revolución rusa de 1917: uno de los tratados de Lenin lleva también el mismo título. No en vano, los sueños de Vera Pávlovna ejemplifican la toma de conciencia de la protagonista, con elementos identificables más tarde en la literatura revolucionaria. Chernyshevski constata que no es un literato al uso, ya que se trata de un influyente teórico político que destaca por su activa militancia.

Y dentro de esta conciencia social, muy avanzada para la época, sorprende que Chernyshevski apueste por una heroína proletaria, en contraposición a su coetánea Madame Bovary, la protagonista burguesa de Flaubert. Tal y como se ha dicho, lo más interesante es presencia de la figura femenina en la obra, no solo limitada a Vera Pávlovna, así como la moderna estructura del taller de costureras que impulsa. No se trata de una novela realista, sino utilitarista y responde a la máxima de que para crear algo primero hay que imaginarlo. Sin ir más lejos, Carolina Meloni trae a colación la experiencia organizativa de las mujeres en la Fábrica de Tabacos de Madrid, en el madrileño barrio de Lavapiés. Las trabajadoras de la tabacalera constituyen un claro ejemplo de lucha y valor de un grupo de mujeres que fueron claves a la hora de conseguir mejoras sociales y laborales en el sector industrial. En estos talleres, las mujeres se organizaban para formarse, hacer un fondo común por si una caía enferma, tenían guarderías… Se podría hablar de una revolución desde los cuidados.

La obra puede considerarse un germen del feminismo que llega a nuestros días. Se trata de un esbozo del «hombre nuevo» —mujer, en este caso—, investido de valores éticos y que hace de su vida un proyecto político. De hecho, el libro describe una vida cotidiana rutinaria y anómala: sin sexo ni pasión en su matrimonio, Vera y su marido comparten sin embargo una ideología. Y es que todo es político, incluso —o sobre todo—, el matrimonio. O como más tarde popularizaría Kate Millet: lo personal es político.

Aunque con un tono que tanto Carolina Meloni como Gala Arias califican de «parco», y rechazando los tópicos de las novelas de la época, Chernyshevski hace uso de la ironía para dirigirse al lector durante la novela, más concretamente a las lectoras, a las que considera «más inteligentes». Adelantado como lo fue a su tiempo, quizá ya intuyó que son las mujeres quienes más leen.

Tras el coloquio se dio paso al público y el acto finalizó con una copa de vino. Muchas gracias a Ediciones Akal por acercarnos a un autor tan influyente aunque desconocido para el gran público en España y a la librería La Lumbre, siempre tan hospitalarios.

La muñeca de Kafka

Queremos contaros una emotiva historia sobre Kafka que narra muy bien Paul Auster en su novela Brooklyn Follies. Transcribimos un fragmento del relato:

Franz Kafka

Todas las tardes, Kafka sale a dar un paseo por el parque. La mayoría de veces, Dora, su pareja, lo acompaña. Un día, se encuentran con una niña pequeña que está llorando a lágrima viva. Kafka le pregunta qué le ocurre, y ella contesta que ha perdido su muñeca. Él se pone inmediatamente a inventar un cuento para explicarle lo que ha pasado. «Tu muñeca ha salido de viaje», le dice. «¿Y tú cómo lo sabes?», le pregunta la niña. «Porque me ha escrito una carta», responde Kafka. La niña parece recelosa. «¿Tienes ahí la carta?», pregunta ella. «No, lo siento —dice él—, me la he dejado en casa sin darme cuenta, pero mañana te la traigo». Es tan persuasivo, que la niña ya no sabe qué pensar. ¿Es posible que ese hombre misterioso esté diciendo la verdad?

Kafka vuelve inmediatamente a casa para escribir la carta. Se sienta frente al escritorio y Dora, que ve cómo se concentra en la tarea, observa la misma gravedad y tensión que cuando compone su propia obra. No es cuestión de defraudar a la niña. La situación requiere un verdadero trabajo literario, y está resuelto a hacerlo como es debido. Si se le ocurre una mentira bonita y convincente, podrá sustituir la muñeca perdida por una realidad diferente; falsa, quizá, pero verdadera en cierto modo y verosímil según las leyes de la ficción.

Al día siguiente, Kafka vuelve apresuradamente al parque con la carta. La niña lo está esperando, y como todavía no sabe leer, él se la lee en voz alta. La muñeca lo lamenta mucho, pero está harta de vivir con la misma gente todo el tiempo. Necesita salir y ver mundo, hacer nuevos amigos. No es que no quiera a la niña, pero le hace falta un cambio de aires, y por tanto deben separarse durante una temporada. La muñeca promete entonces a la niña que le escribirá todos los días y la mantendrá al corriente de todas sus actividades.

Ciertamente, y para ser justos, no hay pruebas fehacientes de que la historia sea verídica —pese a que Auster afirme lo contrario— puesto que no se han encontrado las cartas que lo demuestren.

Ilustración del libro Kafka y la muñeca viajera, de Jordi Serra i Fabra

Cuentan que Kafka estuvo tres semanas cumpliendo el compromiso adquirido, sacrificando su preciado tiempo escribiendo cartas a la niña, unas cartas que, según Dora, estaban hechas prestando suma atención al detalle, con una prosa amena, precisa y absorbente, con su estilo característico. Durante las tres semanas, Kafka acudió puntualmente al parque a leer las cartas a la niña. Poco a poco, fue preparándola para el momento en que la muñeca desaparecerá de su vida para siempre. Para conseguirlo, exploró diversas ideas, decidiendo finalmente casarla. Describió con detalle a su joven enamorado, la fiesta de pedida, la boda en el campo, incluso la casa donde la muñeca vivía con su marido. Y entonces, en la última línea, la muñeca se despedía de su antigua y querida amiga. En ese momento, la niña ya no la echaba de menos, Kafka había conseguido, con su historia, aliviar su desgracia, introduciéndola en un mundo de fantasía creado exclusivamente para ella.

Sin duda, reconforta creer en la historia, en cómo Kafka es capaz de priorizar por encima de otras cosas, seguramente mucho más importantes en su vida, el hecho de complacer y consolar a una niña desconocida. Una demostración, casi mágica, de que es posible vivir, aunque sea por unos momentos, en un mundo imaginario donde la realidad deje de existir o esta se convierta en la que tú determines.

Oda a Tolstói, III Edición de Voces Rusas

El sábado 30 de noviembre tuvo lugar Oda a Tolstói, actividad encuadrada en la III edición del ciclo Voces Rusas que se desarrolló en el Bastardo Hostel. A lo largo del acto se hizo un repaso a las principales obras del novelista, ensayista y filósofo ruso, al tiempo que estas eran enmarcadas en su época y puestas en relación con la deriva de la propia vida de Lev Tolstói, indiscutible genio universal de las letras.

Primera Persona estuvo allí y así os lo contamos.

Cartel de la III edición de Voces Rusas

El evento, organizado por Cuna Literaria, contó como invitada de honor con la reputada crítica y traductora de literatura rusa Selma Ancira, que ha traducido buena parte de su obra, así como con la presencia de tres grandes editoriales independientes que llevaron su catálogo tolstoiano: Acantilado, Reino de Cordelia y Nórdica Libros.

Macarena Berjano y Selma Ancira presentando el acto

Macarena Berjano, de Cuna Literaria, y Selma Ancira, abrieron el acto ante una sala repleta de un público entregado. Se trató más bien de un acto coral en el que participaron más de una docena de personas y el que se alternó la lectura de fragmentos escogidos de diversas obras de Tolstói —Guerra y paz, Anna Karénina, La historia de un caballo, Relatos de Yásnaia Polyana, Resurrección, Confesión y ¿Cuánta tierra necesita un hombre?, entre otras—, con pequeñas actuaciones de la artista escénica y actriz de origen ruso y ucraniano Ksenia Guinea, que nos deleitó con dos piezas inspiradas en «El baile de Natasha» (Guerra y paz) y Sonata a Kreutzer.

Ksenia Guinea durante una de sus dos piezas escénicas

Berjano y Ancira demostraron tener amplios conocimientos no solo de la obra del autor sino también de su vida y nos obsequiaron con algunos datos interesantes, unos sabidos y otros menos, como por ejemplo el hecho de que sus relatos recogieran tantos datos autobiográficos, o que Anna Karénina se inscribiera en un momento de crisis existencial del autor: Tolstói no dudó en mostrar, sin tapujos, el desgaste de las relaciones de pareja tras el matrimonio, fruto de su propia búsqueda del amor ideal. También queda patente su obsesión por encontrar, a través de su obra, el sentido de la vida: «Los hombres prefieren las tinieblas a la luz». Una búsqueda que le lleva a preguntarse: «¿Y si toda mi vida, mi vida consciente, ha sido de hecho lo que no debía ser?». Tampoco puede obviarse la particular crisis religiosa del escritor ruso y que se puso de manifiesto sobre todo a partir de Confesión.

Algunas de las obras referenciadas

Pero sin duda el momento álgido del encuentro fue aquel en el que el auditorio pudo escuchar la voz de Tolstói, recogida por él mismo con un fonógrafo que le regalaron. El escritor ruso escribió El lobo para uno de sus nietos y posteriormente se grabó mientras lo narraba. Selma Ancira nos ayudó con la traducción de una manera divertida. Una auténtica sorpresa.  

El público asistente superó el aforo previsto
(Fotografía: ©Vovi Letaunt)

En la parte final se proyectó un documental de Tolstói en vida, comentado al mismo tiempo por Selma Ancira. Para concluir los DJ Purple & Mayo se encargaron de poner el ritmo a la jarana literaria, clausurando de esta forma una estupenda velada que fue tan interesante como original.

«Pensar en grande, editar en pequeño», La Navaja Suiza

«Pensar en grande, editar en pequeño». Con este lema nace en 2017 La Navaja Suiza. El martes 26 de noviembre sus editores, Bárbara Pérez de Espinosa y Agustín Márquez, nos contaron en la librería Tipos Infames la génesis de la editorial y su forma de ver y entender la literatura. Primera Persona no podía faltar a la cita con esta joven editorial que tan buenas opiniones está generando gracias a una acertada selección de obras y un excelente trabajo de edición.

«Los tres por separado teníamos el sueño de montar una editorial», aseguran, pero también nos cuentan que antes de eso llegó el blog: Instrucciones de uso, un título que no pretende ocultar su particular homenaje a Perec. Allí plantaron la semilla de lo que acabaría convirtiéndose en la editorial. La tercera pata del proyecto es Pedro Garrido, quien no pudo participar en el acto. Entre los tres asumen todas las tareas de edición y se definen como bastante eclécticos en cuanto a gustos. Reconocen que tuvieron que tirar de sus ahorros para iniciar el proyecto, aunque, eso sí, antes realizaron un concienzudo plan de negocio y un exhaustivo trabajo de campo. «No queríamos ser una editorial más, queríamos diferenciarnos del resto», afirma Bárbara.

Pretenden dirigirse al lector con una propuesta heterogénea, personal y alternativa, aunque son conscientes de que las obras elegidas, en algunos casos, no son fáciles: «elegimos apostar por un tipo de lector y es la filosofía con la que nació la editorial». También reconocen que, les guste o no, son una empresa y, por tanto, no pueden permitirse el lujo de tener muchos fracasos con sus publicaciones. «Los grandes grupos editoriales te colocan muchos libros a la vez en el mercado, porque saben que al menos uno de ellos será un éxito y este compensará al resto. Nosotros tenemos que ser unos francotiradores en ese sentido», afirma Agustín.

También abogan por el papel del traductor, sobre todo cuando se trata de un libro complejo: «a veces, y al contrario de lo que puede parecer, una editorial grande no trabaja bien las traducciones», y por eso valoran aún más el hecho de contar con un grande dentro de este campo como es Ce Santiago. Desde luego, podemos dar fe de ello, pues traducir libros como La entreplanta o La suerte de Omensetter, así lo acreditan.

Dentro de su filosofía, piensan que el libro no solo tiene que ser bonito por fuera, sino tener mucha calidad, por eso apuestan por editar una media de un libro cada dos meses, en tiradas iniciales que van desde los ocho cientos ejemplares, hasta los mil doscientos.

Bárbara Pérez de Espinosa y Agustín Márquez

De la misma forma que destacan la importancia de la labor comercial en las editoriales pequeñas, como una tarea fundamental que debe hacer el editor para que los libros no pasen desapercibidos, también consideran básica la plena implicación del autor en la promoción de su obra.

Quieren dejar claro también su apoyo y plena confianza en las librerías independientes y de barrio, regentadas, por lo general, por libreros con una enorme pasión por su trabajo, auténticos «prescriptores» de buena literatura: «también queremos estar en librerías pequeñas que piensan en grande», concluyen.

EL CATÁLOGO

Durante toda la charla no ocultan su admiración a la obra de William H. Gass. Y como no podía ser de otra manera, eso se constata en el primer título de su catálogo: En el corazón del corazón del país, siendo refrendado posteriormente con la publicación de Sobre lo azul y La suerte de Omensetter, del mismo autor estadounidense. A destacar otros títulos como La entreplanta, del novelista y ensayista americano Nicholson Baker, Rey de gatos, de la injustamente olvidada Concha Alós, dos veces galardonada con el Premio Planeta en la década de los sesenta, o su más reciente publicación: Nuestra piel muerta, de la ecuatoriana Natalia García Freire, que ya está a punto de estrenar la segunda edición.

En definitiva, una trabajada y acertada selección de títulos que os animamos a descubrir.

Festival Eñe, sábado 16 de noviembre

SÁBADO 16

La primera mesa a la que asistimos el sábado fue la que conformaban Juan Gómez Jurado, Rodrigo Cortés y Arturo González Campos, vamos, lo que vendría a ser casi el equipo al completo de Todopoderosos, solo faltaba Javier Cansado. Desde el minuto uno, los tres nos dejan claro que vamos a vivir una velada llena de humor. La charla gira en todo momento sobre el podcast y empiezan hablando acerca de las diferencias que este formato tiene con la radio convencional. Conocemos la génesis de Todopoderosos y cómo hacen para que funcionen las cosas. Mientras que Gómez Jurado asegura que sabe que algo funciona cuando resuena en su cabeza, Cortés dice que se dedica a escucharlo todo «desde fuera», viendo el puzle. Arturo, simplemente, deja hacer. «Somos cuatro personalidades lo suficientemente incompatibles como para funcionar», concluye Cortés.

Juan Gómez Jurado, Rodrigo Cortés y Arturo González Campos

Se nota lo a gusto que se sienten y aprovechan cualquier resquicio sobre lo que estén hablando para mostrar su complicidad metiéndose unos con otros. A modo de ejemplo: cuando Rodrigo Cortés quiere decir que escuchaba la radio de pequeño, sus compañeros se valen de eso para entrar en un bucle hilarante y acabar tratando de destapar los trapos sucios de la infancia del cineasta. Cortés no sabe cómo salir de esa espiral y sus compañeros, que lo están disfrutando intensamente, tampoco están por la labor.

No cabe duda que esta mesa se mueve en todo momento en clave de humor, pero, ojo, un humor inteligente. En algunas partes incluso subyace una cierta crítica social, como cuando Cortés afirma con contundencia que «la gente no existe, es una entelequia» y ante la estupefacción de sus partenaires, desarrolla esa idea reflexionando en voz alta acerca de la costumbre que tenemos de asociar y dar más importancia a la opinión o la manera de hacer de unos pocos al deseo de la mayoría. Muy interesante.

Lo dicho, charla divertidísima que nos hizo pasar el tiempo volando. Sensación de haber asistido a la mesa más divertida, claro que, en ese momento aún no sabíamos lo que nos encontraríamos en la de Millás y Vilas…

A continuación asistimos a la entrevista de Sergio del Molino a todo un premio Planeta: Javier Cercas. Pero antes de eso, el autor de Soldados de Salamina o, de la reciente y premio Planeta, Terra Alta, recibe el premio Eñe por su trayectoria.

Javier Cercas recibe el premio a su trayectoria del Festival Eñe

El cacereño de nacimiento, y catalán de adopción, habla con firmeza desde el inicio de la entrevista, dejando claro que todo parte de Cervantes y gira en torno a él. No escamotea elogios y nos regala opiniones tan contundentes como: «los novelistas solo tenemos que responder ante un tipo: Miguel de Cervantes», «no usamos la libertad que él nos dio» o «el Quijote es un banquete con muchos platos», pensando en el clásico como punto de referencia sobre el que pivotar siempre.

Cercas asegura que su premiada Terra Alta es radicalmente distinta a sus otras novelas y radicalmente fiel a todas ellas, y que, en su día, corrió el peor riesgo que puede correr un autor de cierta edad: convertir en fórmula aquello que en principio fue un hallazgo. Considera que ha cambiado como escritor porque ha cambiado como persona y, recordando que escribió la obra al tiempo que se producían los atentados de Barcelona y el procés llegaba a su máximo auge, reconoce que lo malo es el mayor carburante de la literatura.

La entrevista está llena de opiniones de lo más jugosas: «no hay diferencia entre la literatura y la vida […]. La literatura es una forma de vivir más» o «nos gusta pensar que solo los malos hacen cosas malas, y no es así: las buenas personas también cometen barbaridades».

Pero a medida que va avanzando la entrevista, Cercas deja claro que no tiene ningún tipo de reparo en sacar a relucir temas de actualidad política, es más, se le notan las ganas. Del Molino lo sabe leer y lo va llevando hacia el terreno donde el escritor quiere: mojarse sobre el tema catalán. Ante una audiencia entregada y con ganas de aplaudirle, el cacereño termina la charla con una frase contundente, repetida a petición del entrevistador: «se intentaron cargar la democracia en nombre de la democracia», arrancando los aplausos más entusiastas del público. Sería interesante reflexionar sobre la necesidad que tienen algunos escritores en posicionarse y hacer ciertas afirmaciones desde espacios donde se dan unas condiciones favorables para ellos o en las que no tienen nadie en frente para rebatirles ciertas afirmaciones que, en ocasiones, más que opinión, parecen hechas desde la condición de otorgarse a sí mismos el imperio de la verdad.

En definitiva, una charla animada e interesante, algo empañada por una parte final donde el autor se aprovechó del contexto favorable para mezclar la política con la literatura. Pero ¿acaso no estamos haciendo política cada vez que escogemos qué leer, qué escribir o incluso qué comer?

Tras el premio Planeta, asistimos a nuestra última mesa del día que protagonizan Juan José Millás y Manuel Vilas, moderados por la subdirectora de El País, Berna González Harbour. La charla se desarrolla por el terreno de la cotidianidad, la familia y la memoria, temas que definen muy bien la obra de ambos. Pudiera parecer que sería una charla un tanto encorsetada, pero nada más lejos de la realidad, tanto el valenciano como el aragonés sacaron a relucir su lado más divertido y demostraron saberse complementar perfectamente el uno al otro. A colación de la cotidianidad como importante fuente de inspiración, ambos autores muestran su facilidad en hacer crecer una historia de una circunstancia corriente, por insignificante que pueda parecer, o de cualquier anécdota que se tercie: Vilas saca a relucir la reciente compra de un colchón aderezada con una retahíla de complicaciones y destapa la caja de las risas. Millás aprovecha para debatir sobre colchones con el aragonés e incluso se permite aconsejarle ¡demostrando ser un entendido en la materia! Pese a los intentos de la moderadora por reconducir el diálogo, el valenciano quiere seguir en su particular bucle colchonero con el barbastrense. Hilarante.

José Millás y Manuel Vilas, moderados (si eso es posible) por Berna González Harbour

Vilas reconoce que cualquier cosa que ve en su día a día la percibe desde la literatura, a la vez que ve la literatura como el deseo de luchar contra la hostilidad del mundo. Millás asegura que lo más banal es curiosamente lo que más sentido tiene, que la vida está llena de sucesos de este orden —portentosos— a los que no prestamos especial atención.

A colación de la familia, el valenciano dice que no les preguntamos a los padres el secreto de la vida, es más, que ni siquiera conocemos a nuestros padres. En este sentido, afirma, la escritura abre heridas y al mismo tiempo las cura. Considera, por otro lado, que la ingenuidad es absolutamente imprescindible para escribir. En ocasiones se escribe con el fin de llegar a un estado de ánimo, aunque reconoce que solo se puede escribir desde el conflicto. Vilas opina que, aunque sea una ficción, si es amor el que la produce, está bien. González Harbour concluye entonces que Vilas escribe desde el amor, mientras que Millás lo hace desde la fantasía.

La conversación gira en torno a muchos más temas, siguiendo la misma senda de los anteriores, con sus correspondientes anécdotas y carcajadas del respetable: desde el interés de Millás por hacerse una colonoscopia, al descubrir durante una comida que todos sus amigos se habían hecho una, hasta la disección de los talleres de escritura que ambos autores imparten, considerando el valenciano, en tono de humor, que a estos talleres acude mucha gente desequilibrada y que todo el mundo cree que no escribe porque no tiene tiempo, estableciendo una más que acertada comparación con el hecho de que nadie dice que no hace autopsias porque no tiene tiempo…

Ya en la parte final, los dos autores aseguran ser muy obedientes y receptivos a las observaciones de sus editores, consideran fundamental esta figura, teniendo en cuenta que su mirada está cargada de profesionalidad y afecto.

Y con este buen sabor de boca damos por concluido el festival, del que nos llevamos excelentes recuerdos y en el que esperamos repetir presencia en futuras ediciones.

Festival Eñe, viernes 15 de noviembre

Sergio del Molino, director de la edición de este año del Festival Eñe, aseguraba en la presentación del festival en el Círculo de Bellas Artes que «la literatura debe abrir ventanas», por eso planteó un festival participativo y no encorsetado por conferencias académicas. Por primera vez hay un país invitado —en este caso México—, y su propuesta para esta edición lleva el título de Fronterizos, puesto que «se pretende dar voz a los narradores que se mueven en la frontera de la ficción y lo real».

Primera Persona tuvo la suerte de estar presente en algunos de los actos realizados en el Círculo de Bellas Artes durante el fin de semana. Les relatamos lo que vivimos y, sobre todo, ¡lo que disfrutamos!

VIERNES 15

La tarde prometía, principalmente por una interesante charla entre Elvira Lindo y Antonio Muñoz Molina, conducida por Sergio del Molino. Desde el inicio de la misma quedó claro que las expectativas —que ya eran bastante altas— quedarían superadas con creces. Del Molino dio en el clavo al conseguir generar una charla distendida, interesante y, sobre todo, y tal vez menos esperado, divertidísima. Las primeras palabras fueron un intercambio de alabanzas entre la pareja. Elvira Lindo empieza destacando de Muñoz Molina su forma de trabajar y su perseverancia y lo atribuye a haber trabajado desde niño y al haberlo hecho en un oficio tan duro como es el campo. Muñoz Molina responde que Lindo también trabaja muchísimo y resalta: «con ella he aprendido la oralidad, la voz que habla, y su irreverencia, su libertad irreverente. Es una mujer ácida, llena de ironía, sin respeto a la jerarquía, algo poco común en la literatura, donde a veces somos cobardones». Recuerda los veinticinco años de Manolito Gafotas y reivindica su costumbrismo en contraposición a su universalidad.

Sergio del Molino conversa con Elvira Lindo y Antonio Muñoz Molina

El momento divertido llega con la sorprendente confesión de Lindo: ¡Muñoz Molina se conoce a todos los famosos del corazón que aparecen en la televisión! Este trata de defenderse destacando la importancia de sumergirse en la banalidad, pero la caja de las risas ya está abierta de par en par, y el autor de El jinete polaco, entre tantos otros títulos, hace gala de un humor fino y elegante haciéndonos destornillar de la risa por momentos.

A la pregunta de Sergio del Molino, la pareja nos explica también algunas de sus vivencias en Nueva York durante los años que permanecieron allí. Muñoz Molina nos cuenta que lo que extraña de la ciudad de los rascacielos son los colores del otoño y la música, a la vez que remarca el silencio de una gran ciudad durante las nevadas y la sensación de la fuerza de la naturaleza en el entorno urbano. En el reverso, ambos coinciden en la dureza de los largos inviernos, en especial Lindo, que deja claro que su cansancio de vivir allí se debió entre otras cosas al frío y a las condiciones tan desfavorables de esta estación en la Gran Manzana, aunque en su afán de rescatar algo positivo, reconoce que es algo que curte. La gaditana no se muerde la lengua y aún nos hace otra sorprendente confesión: ¡obligó a Muñoz a que cambiara el final de Plenilunio!

El ubetense nos deja algunas afirmaciones de lo más interesantes, como por ejemplo que «los libros empiezan a escribirse sin que tú te des cuenta» y aún más: «el libro te fuerza a ti a escribirlo».

El acto se da por concluido con una cerrada ovación y la pareja se deja ver posteriormente en los pasillos con su mejor sonrisa atendiendo a todo aquel que les solicita una firma o una foto, mostrando su grandeza y humildad.

La segunda mesa del viernes a la que asistimos fue la que componían Miguel Ángel Hernández, Adolfo García Ortega y David Toscana, moderados por Laura Barrachina. Todos ellos tienen novelas que se mueven en la frontera entre la ficción y la realidad. Una charla muy animada con reflexiones y afirmaciones de lo más jugosas.

Barrachina empieza poniendo sobre la mesa el tema de la imaginación, ¿a favor o en contra? Los tres invitados apuestan por ella. Miguel Ángel Hernández piensa que las novelas de historias reales hay un momento que piden ser escritas. Para Toscana, la imaginación está también del lado del lector. El escritor propone imágenes que el lector recrea, y lanza una frase de lo más interesante viniendo de un autor que se mueve entre ficción y realidad: «el escritor no se puede permitir el lujo de ser hiperrealista». Para García Ortega el novelista siempre debe estar a favor de la imaginación, a diferencia del cronista, del periodista o del historiador, a la vez que destaca la libertad del escritor de permitirse ir hasta donde su imaginación le lleve.

Miguel Ángel Hernández, Adolfo García Ortega y David Toscana, moderados por Laura Barrachina

Al hilo del género de los libros que escriben, Hernández asegura que la novela de no ficción activa un chip diferente en el lector, algo con lo que Toscana está de acuerdo y además añade que cuando se dice que una historia está basada en hechos reales, esta «atrapa» a una serie de lectores que se distinguen del lector de ficción. García Ortega completa diciendo que incluso se crea un punto de empatía con el autor.

Hernández define la labor de escribir novelas sociales como una pequeña resistencia, el poner pequeñas voces a memorias colectivas… Dar voz a aquello que no tiene voz. Toscana considera que la literatura despierta ese ser espiritual que llevamos dentro, lo que no es incompatible con la denuncia social. Un momento divertido es cuando Hernández reconoce que en ocasiones hay que modificar la realidad para que parezca más real. Toscana nos cuenta que las anécdotas y los detalles son las herramientas con las que al final se crean las novelas, muchas veces estos detalles se encuentran en los periódicos o cuando y donde menos se esperan. García Ortega pone la guinda de manera tajante asegurando que «los escritores somos justicieros sociales» y remarca que la historia que no se cuenta, no existe.

Tan poca vida, de Hanya Yanagihara


Tan poca vida nos relata más de tres décadas de amistad entre cuatro amigos que crecen juntos en Manhattan. Los cuatro tendrán que sobrevivir al éxito y al fracaso, todos ellos tienen un sueño y una idea muy peculiar de la intimidad, una manera de estar juntos basada en pocas palabras y muchos gestos.

Todo acaba centrándose y girando en torno a Jude, marcado por un oscuro y aterrador pasado que la autora nos va descubriendo de forma lenta y estudiada mediante pequeñas dosis perfectamente administradas. Descubriremos la vida de este personaje, su incapacidad de comunicarse, la necesidad de ser tocado y querido frente a su aversión por que le toquen, su particular visión del amor, la amistad y la felicidad.

Conmovedor, agónico, descarnadamente brillante. Directo a tus entrañas cual cuchillo recién afilado.

Proyecto Primera Persona

Tú, yo, nosotros

El mundo hay que fabricárselo uno mismo, hay que crear peldaños que te suban, que te saquen del pozo. Hay que inventar la vida porque acaba siendo verdad

— Ana María Matute

Primera Persona tiene una doble perspectiva. Una primera aproximación individual, donde cada uno se convierte en el Yo —desde la perspectiva de autora, escritor, lectora, bloguerx— que interacciona con el proyecto como sujeto, en singular. Siendo la aproximación más inmediata, también es la más sencilla. Pero Primera Persona pretende dar un paso más allá e incidir en lo colectivo, pasar del singular al plural, del Yo al Nosotros.

El proyecto Primera Persona surge del amor, como todas las grandes empresas a lo largo de la historia. El amor en primera persona del singular: Yo amo —escribir, crear, leer—; pero también del plural: Nosotros amamos. Porque es evidente que en un mundo tan interconectado, tan global, el Nosotros cobra una especial relevancia. Lo singular se vuelve plural y la empatía, el ponerse en el lugar del otro, es el hilo conductor de toda historia de amor.

Primera Persona se nutre, además, de unos principios sólidos e irrenunciables, que no por obvios se tienen que dar por sentado: el amor y la empatía no tienen razón de ser si no es de la mano del feminismo, de la defensa de la igualdad en el mar de la diversidad, de lo común y lo glocal, si no es reconectando con nuestro entorno, tanto natural como social. En definitiva, este proyecto pretende ser espejo de la sociedad plural que nos rodea, evitando la heteronormatividad y el modelo patriarcal obsoleto pero aún imperante en muchos ámbitos.

Miedo, de Stefan Zweig

«El miedo es peor que el castigo, porque este es algo determinado y, por severo que sea, no se puede comparar con el temor que despierta en nosotros lo incierto, una tensión espantosa, que no conoce límite»

Stefan Zweig

Aquí tenemos otra novela corta y de gran intensidad de Stefan Zweig. El austriaco se desenvuelve a las mil maravillas también en este contexto. En el caso que nos ocupa se trata de la historia de Irene Wagner, una mujer que lleva una placentera vida burguesa junto a su marido y sus dos hijos. Pero Irene tiene un amante y un día esa tranquilidad se verá alterada con la aparición de una misteriosa mujer que descubre su infidelidad y la empezará a chantajear.

A partir de ese momento, se romperá esa apacibilidad de Irene, y el temor y la angustia a ser descubierta, coparán su día a día. Nuestra protagonista quedará prisionera de un sentimiento mucho peor que el propio castigo: el miedo.

Zweig es un exquisito retratista de sentimientos y emociones humanas. Propone una interesante y profunda introspección del ser y enseguida sabe meter al lector en la historia y dejarlo sumido en el ansia por conocer el desenlace de la misma.

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