
No hace ni un año que salió publicada su primera obra, Nuestra piel muerta, y no para de recibir elogios de la crítica. No es para menos. Natalia García Freire (Cuenca, Ecuador, 1991) es periodista y escritora y forma parte del boom de nuevas voces femeninas que están surgiendo de Latinoamérica. En Nuestra piel muerta (La navaja suiza, 2019) Natalia hace despliegue de un enorme catálogo de capacidad imaginativa en un texto que estremece, de aquellos que, al terminar de leerlos, se nos quedan incrustados entre los pliegues de la piel. La ecuatoriana consigue crear una atmósfera asfixiante compuesta, como el título dice acertadamente, de voz y piel muerta. Y entre todo eso, la belleza de las palabras de García Freire, la sinceridad, la valentía y la crudeza del relato.

Sin duda, estamos hablando de una voz de la que va a hablarse mucho en el futuro y desde Primera Persona queremos agradecer la disponibilidad de Natalia para responder a nuestras preguntas y cuestionario. No nos queda más que animaros a leer Nuestra piel muerta, si aún no lo habéis hecho, así como todo lo que nos brinde en un futuro próximo.
Antes de nada, felicitarte, Natalia, por esta maravillosa novela, Nuestra piel muerta, que además ha sido nominada al premio Tigre Juan. Sin duda fue una de nuestras mejores lecturas de 2019. ¿De dónde nació la idea, la inspiración para escribirla, y qué te gustaría destacar de ella?
En primer lugar, muchas gracias por la lectura y estas palabras. Es mi primera novela y le tengo mucho cariño por todo lo que eso significó: el encontrar mis propios temas, mi proceso de escritura, mi posición respecto al lenguaje y a la palabra, conocer a mis editores de La Navaja Suiza. En ese aspecto fue una búsqueda y el inicio de ciertas incomodidades con respecto a mi mirada personal en torno a la escritura, temas que te encuentran y a veces te quiebran. La idea surgió por una duda que siempre estuvo presente, desde la infancia, y que quise recuperar, la duda de si un hogar podía ser invadido o destruido y cómo serían esas fuerzas que lo consumieran.
En el centro de esa investigación me encontré con inquietudes muy personales acerca de la locura, la muerte y la enfermedad y temas muy interesantes para mí como la tierra, los animales, los insectos como seres poderosos. Con respecto a esto hay una frase en un libro de relatos maravilloso que leo ahora: Kentucky seco, de Chris Offutt. En uno de los relatos el narrador dice: «Los de aquel entonces conocían a Dios mejor que nosotros. Él había creado tanto al puma como a los hombres. La gente de hoy pretende que los animales tengan los mismos derechos que el hombre, pero en aquellos tiempos era justo al revés». Creo que hemos perdido esa mirada animal, como decía John Berger, y es algo que me interesa recuperar en lo que escribo. Y lo descubrí con esta novela.
En el mundo de Lucas todo se derrumba, se huele la podredumbre a cada paso, a cada página. ¿Qué papel juegan los insectos en todo esto? ¿Hay también algo de fascinación u obsesión por parte de la autora?
Mi fascinación por los insectos pertenecía mucho a mi infancia. Al jardín de mi abuela, que era el lugar donde vivía la mayor parte del tiempo, de vivir a ese nivel, buscando tispos, orugas, esperando malas noticias cuando mirábamos una mala nueva o buenas cuando encontrábamos una araña que había perdido una pata. La perdí por mucho tiempo. Y con la novela renació y se volvió muy fuerte. Y regresó con mucha fuerza porque de pronto encontré en el mundo de los insectos un mundo perfecto y lleno de símbolos y procesos que no nos necesitan ni un poco y nos dejan claro que desde nuestra fría altura de humanos, como dice Lispector, no vemos casi nada.
Hay comparaciones de tu obra con autores de ficción de mucho nivel, sin embargo, en tu prosa encontramos también mucha poesía. ¿Hubo influencias poéticas en tu escritura? ¿Qué referencias te han marcado o te sirvieron para escribir Nuestra piel muerta?
No hubo claras referencias poéticas. Ahora he comenzado a leer mucha más poesía y me sorprende el estado en el que te sumerges con ella. Lo que hubo fue un acercamiento al lenguaje, una especie de entendimiento del lenguaje como algo orgánico, o al menos un intento de entenderlo así. Y eso nace de muchas lecturas que me han impresionado como Witold Gombrowicz, por ejemplo, o William H. Gass a quien quisiera leer y releer durante toda mi vida.
Con toda la situación actual, y en tu caso específico, ¿cuál es el día a día de un escritor confinado?
Paso gran parte del día cumpliendo tareas de teletrabajo y trato de equilibrar eso con lectura y escritura, casi siempre leo muchísimo más de lo que escribo. Antes del confinamiento solía dejar la escritura para los fines de semana en los que iba a un pequeño taller que compartía con un ilustrador en el centro de la ciudad, pero ahora no puedo hacerlo así que me he desordenado un poco. También es cierto que hay mucha angustia por cientos de razones que nos tocan de forma distinta a todos durante el confinamiento, y eso también ocupa mucho el tiempo ahora.
CUESTIONARIO FEDERICA MONTSENY
¿Principal rasgo de su carácter?
La fantasía.
¿Qué cualidad aprecia más en una persona?
La imaginación.
¿Qué espera de sus amistades?
Que podamos sentarnos en bata a compartir un cigarro y un café mientras miramos por horas un jardín desde la ventana.
¿Su principal defecto?
Soy demasiado ansiosa.
¿Su ideal de felicidad?
La misma de la pregunta tres. Bata, cigarro, café y jardín. Y, bueno, el gato.
¿Su librería favorita?
En Madrid: Tipos Infames. En Guayaquil, Ecuador: La casa morada. En Quito, Ecuador: Librería Tolstoi. En Buenos Aires: Libros Mendel.
¿Su color favorito?
Ámbar.
¿Su palabra favorita?
Esta semana: estalactitas y gorgojo.
¿Su escritor o escritora favorita?
Shirley Jackson.
¿Un héroe o heroína de ficción?
Mary Katherine Blackwood.
¿Su compositor o compositora favorita?
Me encanta Alexander Bălănescu. Lo escuchaba mucho cuando escribía Nuestra piel muerta.
¿Su pintor o pintora preferida?
Remedios Varo, Leonora Carrington y Leonor Fini, todas brujas.
¿Qué don de la naturaleza desearía poseer?
Me encantaría poder escuchar a las plantas.
¿Cómo le gustaría morir?
De golpe, en un accidente tonto, imprevisto, una caída definitiva.
¿Tiene un lema?
Caca de la vaca. ¿Qué? (De El Valle de los Avasallados, de Rejean Ducharme. Me lo quiero tatuar).


























































